28 octubre, 2009

el chico del paquete de golosinas


“Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora.
Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados. No tolero a maniobreros y ventajeros.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos. Mi tiempo es escaso como para discutir títulos. Quiero la esencia, mi alma tiene prisa.
Sin muchas golosinas en el paquete.
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír, de sus errores.
Que no se envanezca, con sus triunfos.
Que no se considere electa, antes de hora.
Que no huya, de sus responsabilidades.
Que defienda, la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Caminar junto a cosas y personas que valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas.
Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan.
Estoy seguro que serán más exquisitas que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás..."

Mensaje de Mario de Andrade (poeta, novelista, ensayista y musicólogobrasileño)

01 octubre, 2009

el que más manda...

"hace muchos años descubrí que hay otra manera de categorizar a los humanos: los que defienden con vehemencia sus pasiones, y los que imponen su criterio con gritos y altas dosis de mal genio

desconozco en qué momento cambiaste a este último grupo, y es muy probable que argumentes que así las cosas te fueron mucho mejor... pero creo que me habría encantado conocerte antes, cuando aún se podría aprender algo de ti"

P.C.

15 septiembre, 2009

carta de despedida


A ti

Recuerdo el día en que te conocí. Empecé un nuevo capítulo de mi vida, y pensé que ésta se acababa cuando te perdí. Me abrazaba a tus recuerdos, a tus cartas, a tus fotos, para mantener viva nuestra historia de amor dentro de mi. Y me equivoqué.

Alguien, me ha enseñado a abrir de nuevo mis brazos para recibir lo que el Cielo me regala, me ha enseñado a abrir de nuevo mi corazón, para de este modo, poder amar otra vez, por muy destrozado que estuviera.

Me hizo ver que estaba muerta en vida, que sin sentir, uno vive a medias. Aquello me dió mucho miedo, porque fui consciente de mi realidad, y de mis carencias. De mi propia responsabilidad sobre mi felicidad. Y sentí angustia. Y dolor.

No sabía cuánto le necesitaba en mi vida hasta el momento en que giré la cabeza y le vi despedirse de mi. Sentí que algo se rompía dentro. Y lo supe. Debí volver. Debí seguirle. Es lo que voy a hacer.

Antes de ir a buscarle, debo despedirme de ti. Mañana partiré en un corto viaje para despedir todos mis sentimientos por ti. Mañana me haré a la mar, y te diré adios. Luego iré a buscarle e intentaré ganarme su corazón. Se que si lo consigo, serás feliz por mi, por nosotros. Si no lo consigo, me sentiré feliz por haber tenido la oportunidad de amar con tanta intensidad dos veces. Con él aprendí eso.

Y si hoy te digo que le amo tanto como te amé a ti entonces lo entenderás todo.

Y ahora camina tranquilo, amor.

12 septiembre, 2009

carta de amor, II

A todos los marineros que andan en aguas revueltas y a todos los que llegaron sanos a puerto.

Esto es para la gente que quiero, para los que me quieren, para los que permanecen en la distancia, para los que no conozco, para todos...

Esto es lo que quiero contaros. Una carta, mi legado, y una oración.

El mensaje es que a lo largo de mi vida, aprendí una gran verdad. Y es que he sido muy afortunada, ya que he tenido oportunidad de amar, y de ser amada en varias ocasiones, y con tanta intensidad como si fuera la primera vez. Que he conocido el amor en su máxima expresión, y lo he disfrutado al máximo.

He encontrado lo que todos de un modo u otro buscamos a lo largo de nuestra vida, aunque desgraciadamente no todos tienen la suerte de encontrar: La única persona en el
mundo a quien estaba destinado a amar. Alguien que desde el instante en que la conocí, me dió la serenidad y la tranquilidad del que tiene un verdadero hogar. Y nada, absolutamente nada, ni las tinieblas del desasosiego, ni las sombras de la duda, ni siquiera la terrible pero insignificante muerte, podrán destruir ese hogar.

Mi oración es para que todos, absolutamente todos,
podais conocer a lo largo de vuestra vida un amor así, y de este modo, podais sanaros
con él. Se que si en el Cielo se escucha mi oración, cesará la rabia, la ira, y el perdón y el Amor se apoderará de nuestros corazones. Te lo ruego, Señor. Amén.

15 agosto, 2009

carta de amor


Querida mamá:

Siento este silencio de tanto, tanto tiempo, pero estuve un poco perdida, sin rumbo, sin
brújula, estrellándome contra todo. Perdóname, porque nunca me enfrenté a un vacío así.
Antes nunca tuve oportunidad de perderme, y no supe reaccionar de otro modo. Porque
siempre te tuve a ti.

Perdona por haberme enfadado al morir tú.
A veces pienso que todo fue un error y estoy esperando que Dios lo
corrija. Creo que todo fue un mal sueño, y espero despertar. Y es que te echo mucho
de menos.

Pero ahora ya estoy mucho mejor. Tengo un duende que me ayuda.
Y sobre todo, me ayudas tú. Tu ejemplo. Tu sonrisa. El recuerdo de tus abrazos.

Esta carta es sólo para decirte que siento muchas cosas. Siento no haber
cuidado mejor de tí para que nunca te hubieras sentido enferma.
Siento no haber encontrado el modo de decirte más a menudo lo mucho que te quería.
Siento todas las veces que te hice enfadar. Siento las veces que te desobedecí o que te
hice sufrir. Era demasiado inmadura.

Pero sobre todo, siento no haberte abrazado
tan fuerte que ni siquiera Dios hubiera podido apartarte de mi lado.